Trabajar más no significa crecimiento

 

“Hay que trabajar sábados y domingos, hay que hacerlo de una forma más flexible para aquellos que quieran hacerlo”.
Con estas palabras, el Presidente Mauricio Macri presentó hace unos días, durante un acto en Casa de Gobierno, el “Acuerdo Federal para la Construcción”.
Sin embargo, lo que no tuvo en cuenta el Presidente fue qué significa “trabajar más” horas por habitante.
Al respecto, un informe de la Organización y el Desarrollo Económicos, OCDE, arrojó que los países con jornadas laborales más extensas pertenecen a los países más subdesarrollados. Los trabajadores argentinos permanecen en sus puestos dos horas y cuarto más por día que los alemanes, los más privilegiados del mundo
Según el informe de esa publicación, concretado en julio de 2016, los países desarrollados ostentan jornadas más reducidas. Los argentinos trabajan 1899 horas por año, lo que posiciona al país con 133 horas por encima de la media mundial.

En Alemania

Los alemanes son los más beneficiados del mundo, al permanecer en sus puestos 1.371 horas por año. Con una media de tres semanas de vacaciones y cinco jornadas de trabajo por semana, los germanos pasan cinco horas y media en sus empleos. Por su parte, los argentinos están dos horas y 15 minutos más por día.
Los trabajadores mejicanos son los más perjudicados del mundo, según el informe realizado sobre 38 países de Europa, América, Asia y Oceanía. Los aztecas concurren 2.246 horas por año -nueve horas y 10 minutos por día-. Chile cuenta con el peor índice de la región, al ubicarse en la quinta plaza con 1.988 horas.
El documento de la OCDE arroja, como conclusión, que las jornadas más extensas provocan la disminución de puestos laborales. Aquellos países que encabezan el análisis, también, coinciden con menores tasas de desempleo. Es decir, a más horas trabajadas, mayor cantidad de gente en la calle.

Deberíamos copiar mejor

Como queda expresado, Alemania es el país donde sus trabajadores no pasan más de 5 horas y media en sus tareas y donde se produjo el llamado milagro de la posguerra, donde la “economía social de mercado” alemana superó los shocks petroleros de los 70 y 80, el golpe de la reunificación en los 90, la recesión mundial de 2008-2009 y la actual crisis de la eurozona.
Hoy se encuentra entre los tres primeros exportadores del mundo, tiene el crecimiento per cápita más alto del mundo desarrollado y un desempleo del 6,9%, a una distancia sideral de la media de la eurozona (11,7%).
Según el profesor Reint Gropp, presidente del Instituto Hall para la Investigación Económica (IWH) de Alemania, el modelo germano se diferencia claramente del anglosajón de Estados Unidos y Reino Unido.
Pero, ¿qué lo hace tan particular? ¿Y cuáles son las claves su éxito?. Es un sistema basado en la cooperación y el consenso más que en la competencia, y abarca al conjunto del entramado socio-económico, desde el sistema financiero al industrial o al estado.